ESPECIAL – Duelo por la muerte de una mascota

Su importancia y cómo superarlo

 

El vínculo entre humanos y mascotas

 

 

 

 

 

 

 

 

Se habla mucho sobre el duelo que sufrimos por el fallecimiento de un familiar o un amigo. Pero ¿qué hay del duelo por la muerte de una mascota?

La mayoría de las personas experimentamos por primera vez la dureza de la muerte en nuestra infancia, con el fallecimiento de una mascota.

Una mascota es un animal de compañía, ya sea perro, gato, conejo, caballo, hurón, o cualquier otro tipo de animal doméstico. La palabra mascota proviene del francés mascotte, que significa talismán o amuleto. La creencia popular de que los animales domésticos traían buena suerte a las familias que los acogían, hizo que se popularizara el uso de esta palabra para denominarlos.

El vínculo afectivo que se establece entre una mascota y su familia humana puede ser muy fuerte y profundo. Muchas personas únicamente cuentan con la compañía de su animal, como es el caso de numerosas personas ancianas y sin techo. Nos ayudan a reducir el estrés, a expresar nuestras emociones, nos ofrecen consuelo y amor incondicional porque siempre están ahí para nosotros.

No es extraño que sintamos intensos sentimientos de apego hacia ellas, puesto que son valiosos miembros de nuestra familia y una parte importante de nuestras vidas durante años.

 

Lo que nos aportan las mascotas

 

Un animal de compañía no juzga a las personas, no es rencoroso ni oculta maldad. Esto es algo exclusivo del ser humano.

Entre muchas otras cosas, los animales:

  • Nos aportan compañía y apoyo psicológico
  • Nos enseñan a empatizar y a ser más responsables
  • Favorecen el desarrollo de la sensibilidad y la conciencia
  • Enseñan la importancia de cuidar a los demás
  • Ayudan a comprender el ciclo de la vida

 

La pérdida de nuestro amigo

 

Sin embargo, su ciclo de vida es significativamente más corto que el nuestro. Tenemos que hacernos a la idea de que, tarde o temprano, deberemos despedirnos de ellos. Aún así, nunca estamos preparados para el momento.

La muerte de una mascota puede afectarnos de la misma manera que perder a un familiar humano o a un amigo. El dolor y el sentimiento de vacío son similares a cualquier duelo, por lo que sus fases son las mismas. Sentiremos shock, bloqueo, ira o rabia, irritabilidad y una gran tristeza, ansiedad o miedo, llanto incontrolado, confusión, sentimientos de culpa… Lo cierto es que nunca sabremos cómo vamos a reaccionar ante la pérdida hasta que no se produce. Puede ser una experiencia realmente devastadora.

Una persona que ha perdido a su mascota necesita apoyo, comprensión, empatía y respeto; incluso cuando no se comparten sus sentimientos de dolor. Nunca se debe tomar a la ligera la expresión de malestar ante una situación así, pues puede ser el detonante para abrir antiguas heridas o para hacer caer a una persona que estaba en la cuerda floja antes de la pérdida. Para muchas parejas sin hijos, los animales pueden asumir ese rol, siendo percibido su fallecimiento como el de un hijo humano.

 

Fases del duelo (según Elisabeth Kübler-Ross)

 

Las fases por las que pasaremos serán:

  1. Negación

Durante esta fase pensamos que todo es fruto de una pesadilla, que no es real. A causa del shock, sentimos una cierta desvinculación con la realidad y rechazamos los hechos. Nos sentimos paralizados e incapaces de tomar decisiones. Un pensamiento muy común es: “Esto no puede estar pasando, es una pesadilla”.

  1. Enfado o ira

Ya no nos es posible evadir la realidad. La rabia y la frustración se apoderan de nosotros.  Surgen sentimientos de reproche por no haber podido hacer más por la vida de nuestro animal. Pensamos que es injusto y por tanto buscamos culpables; tal vez los encontremos en la figura del veterinario o en la vida misma. Pensamos: “¡No es justo!”

  1. Negociación

Fantaseamos con la idea de revertir lo ocurrido y repasamos una y otra vez las decisiones que hemos tomado para valorar si fueros las correctas. Es el momento de los “y-si”. Pensamos cosas similares a: “¿Y si hubiera decidido pedir una segunda opinión?”

  1. Depresión

Una vez asentados en la realidad sentimos tristeza profunda y un gran vacío. Echamos en falta a nuestro animal y podemos llegar a tener una crisis existencial, en la que nos planteamos el sentido de la vida o el valor de todo lo que nos rodea. Nos aislamos, tenemos dificultad para dormir o para comer, estamos cansados y desorientados. Incluso podemos tener la sensación de escuchar al animal por la casa, o le ponemos un plato de comida sin darnos cuenta. Pensamos: “¿Qué voy a hacer ahora?”

  1. Aceptación

Finalmente acontece la aceptación de la pérdida. No significa que estemos felices o que la tristeza halla desaparecido, sino que hemos aceptado su muerte y nos permitimos seguir con nuestras vidas. Nos perdonamos y asumimos que nuestra realidad ha cambiado y que debemos adaptarnos a ella. Recordamos con amor los momentos vividos con nuestro amigo de cuatro patas. Si tenemos más animales es el momento de concentrarnos en ellos, en disfrutar de su compañía y ofrecerles la mejor vida posible, tal como hicimos con nuestro animal fallecido. Pensamos: “Estaré bien”, “Siempre estará conmigo”.

Cada una de estas fases es necesaria para sanarnos, aunque no siempre son lineales; podemos pasar de una a otra y regresar a la anterior. Esto depende de cada persona, al igual que la duración de cada una. Por eso es tan importante respetar el duelo de cada miembro de la familia.

 

Algunas cuestiones sobre el duelo

 

Permitámonos llorar y desahogarnos todo lo necesario. Estamos mal y es completamente normal.

Vivimos en una sociedad en la que se censura o castiga mostrar dolor por la pérdida de una mascota. Muchas personas no entienden nuestro dolor o lo infravaloran. Pueden sentirse incómodas, avergonzadas o no saber cómo ayudar. Tenemos que aguantar comentarios del tipo: “Sólo era una mascota” o “Ya era un animal viejo”. Pero lo cierto es que, para una inmensa parte de la población, la muerte de un animal es percibida de forma idéntica a la muerte de un ser humano. Nadie tiene derecho a exigirnos estar bien, ni a criticarnos por nuestro sufrimiento. Este tipo de presión únicamente alarga el proceso de duelo, por lo que lo mejor es evitar a personas que no empaticen con nuestro dolor.

Tampoco nos conviene enfadarnos con estas personas, puesto que eso no hará que cambien su forma de pensar. Debemos aceptarlas tal como son y concentrarnos en nosotros mismos.

Lo mejor que podemos hacer es hablar con personas afines a nuestro dolor. También podemos acudir a grupos de apoyo en los que compartir nuestro sufrimiento con personas que están pasando o han pasado por lo mismo. Si es necesario, podremos acudir a un psicólogo que nos ayude a superar este duro trance.

La muerte del animal es fuente de tristeza, tanto si es causa de una enfermedad larga, como si es repentina. Pero lo cierto es que las muertes repentinas, sobretodo cuando el animal no ha agotado su ciclo de vida, son mucho más dolorosas e intensas.

 

Si eres una persona espiritual, es bueno acudir a nuestras creencias para encontrar consuelo. Podemos encender una vela por nuestro animal o rezar. Es recomendable realizar algún tipo de funeral o despedida. Si hemos incinerado a nuestra mascota podemos buscarle una ubicación bonita en casa o en el jardín para guardar o enterrar sus cenizas, o esparcirlas en algún lugar que le gustara. También podemos plantar un árbol encima de sus cenizas para tener un lugar al que acudir a visitarla. Otra opción son los cementerios de animales.

 

Los niños y el duelo

 

Si tenemos niños, debemos observar su comportamiento con detenimiento. Ellos pasan por las mismas fases de duelo que nosotros. Pueden sentir depresión, desesperación, ira y frustración y manifestarlo perdiendo el apetito, teniendo pesadillas o terrores nocturnos, orinándose encima o mostrando conductas agresivas.

 

Es importante explicarles muy bien lo que está ocurriendo, evitando mentirles u ocultarles información. De esta manera lograremos que entiendan el ciclo de la vida y la muerte, a aceptarla con naturalidad y sin traumas. Debemos hablarles del tema abiertamente, con un lenguaje acorde a su edad, y permitirles a ellos hablar del tema siempre que lo necesiten.

Es importante que entiendan que no es culpa suya y que es algo que les ocurre a todos los seres vivos. Si no nos vemos preparados para ello, lo recomendable es acudir a un psicólogo infantil para que puedan pasar el duelo de manera sana.

No es buena idea tratar de reemplazar al animal enseguida, puesto que es necesario un tiempo para que el niño se adapte y acepte la muerte de su amigo.

 

La superación

 

Cuando nos encontremos mejor y más calmados, será el momento de reunir las fotos que tengamos de nuestro animal y hacerle un bonito homenaje. Podemos hacer un mural de fotografías para colgar en nuestro salón y tenerlo siempre cerca. O podemos hacer un video en su memoria.

Podemos plantearnos ayudar a otras personas y a sus animales; por ejemplo, haciéndonos voluntarios de una protectora o apadrinando animales abandonados.

Si no tenemos otras mascotas, cuando estemos preparados podremos reflexionar sobre la idea de adoptar otra; siempre y cuándo nuestra situación económica lo permita . Hay muchos animales abandonados que buscan seres sensibles y responsables que les aporten calidad de vida. Si tú eres una de esas personas, por favor, no te niegues a salvar una vida o a hacer feliz a un animal a causa del dolor que sientes ahora. El impacto positivo es mucho mayor de lo que te imaginas.

No olvides que si tienes otras mascotas en casa, éstas te necesitan. Los animales sufren y empatizan con el dolor humano. Está demostrado que los perros reaccionan ante las muestras de dolor de sus humanos, acudiendo para intentar calmar y consolar (estudio de Goldsmiths College de la U. de Londres, publicado en la revista Animal Cognition).

No debemos descuidar nuestras obligaciones para con ellas ni ser negligentes en su cuidado. Ahora, más que nunca, nos necesitan. Seguramente notemos cambios de conducta en ellas. Notarán que algo malo ocurre, aunque no lleguen a comprender bien qué sucede. Posiblemente echen en falta a su compañero, lo busquen por la casa y se encuentren decaídos durante un tiempo.

Al igual que nosotros, necesitarán mimos extra. Deberemos apoyarnos mutuamente, puesto que su amor y cariño serán de gran ayuda para superar la tristeza.

 

Para amigos y familiares del doliente

 

Si eres una persona que conoce a alguien que esté pasando por esta experiencia y te estás planteando regalarle una mascota nueva: ¡Para! No lo hagas. Perder una mascota puede ser muy traumático. Deja que supere su pérdida de forma natural, sin forzar situaciones. El doliente deberá decidir cuándo está preparado para adoptar otro animal, si es que lo desea.

Si no sientes por los animales lo mismo que nosotros, no hace falta que nos lo digas. Aunque sea por amor a esa persona que sufre, que puede ser un amigo o un familiar, no digas nada. Rebatir o tratar de objetivizar y relativizar las cosas sólo puede hacer más daño, porque generará en nosotros un sentimiento de soledad e incomprensión mucho mayor. Respeta nuestro dolor, danos un abrazo. No es necesario que compartas nada más que eso. Ni siquiera es necesario que cambies tú. Simplemente, no obligues a los demás a sentir de otra manera. El dolor pasará. Ten paciencia y no nos fuerces.

 

Acerca de la eutanasia

 

La eutanasia consiste en sacrificar a un animal con el fin de evitarle mayor sufrimiento. Se procede inyectando de forma intravenosa una cantidad muy elevada de anestésico (el mismo que usa para dormirlos antes de una operación). Únicamente sentirán un pinchacito al ponerles la vía. Después, se quedarán dormidos en cuestión de pocos segundos, antes de que se produzca la muerte. No sufren absolutamente nada de dolor ni miedo.

La eutanasia es lo que más duelo puede causar a una familia que ha tenido que tomar una decisión tan dura como esta. Decidir ponerle fin a la vida, y por tanto al sufrimiento, de nuestro animal, puede ser causa de un gran dolor.

Nos sentimos responsables y dudamos acerca de si tomamos la decisión acertada. Pero lo cierto es que la eutanasia es un privilegio del que gozan los animales y no las personas, que les ahorra un inmenso dolor y les da una muerte digna, rodeados de sus familiares. ¿Quién no desea poder despedirse sin sufrimiento de esta vida, arropado por nuestros seres queridos?

Cuando llega el momento de dormir a nuestros animales, el veterinario nos dará la opción de no estar presentes durante el procedimiento. Sin embargo, el paso será mucho más fácil para el animal si le acompañamos. Se sentirán más tranquilos y sin miedo. Notarán nuestro amor hasta el último momento. Además, estar con ellos y presenciar su marcha nos ayudará a asumir antes la realidad.

Aunque la eutanasia debe ser el último recurso, no debemos pecar de egoístas. Pretender mantener con vida a toda costa a un animal que padece dolor y agonía intensa es injusto. Por mucho que cueste, hay que pensar en el bienestar del animal. Si una operación puede alargar la vida de tu mascota, a costa de su calidad de vida, lo más ético es darle una muerte dulce. Si aún tenemos dudas, siempre podemos contactar con otro veterinario para pedir una segunda opinión.

En cuanto a qué hacer con el animal una vez fallecido, existen empresas que ofrecen servicios funerarios para mascotas, así como incineraciones individuales. Trabajan con mucho respeto hacia el animal y sus familiares. Pregunta a tu veterinario. Aquí en Aragón trabaja la empresa Humas .

Después nos dan las cenizas en una bonita urna personalizada. Disponer de las cenizas para poder realizar una despedida, o para tenerlas a nuestro lado en casa, es un elemento que nos ayudará muchísimo a la hora de superar el duelo.

 

Consejo para los que tenemos mascota

 

Siempre aconsejo a amigos y familiares que piensen con antelación, en el momento de adoptar al animal, lo que harán con él una vez fallecido. De este modo, cuando llegue el momento podrán tomar decisiones aún estando bloqueados por el shock. Debemos pensar si queremos incinerar a nuestra mascota, enterrarla en un cementerio de animales o dejarla a cargo de los servicios municipales.

También es muy recomendable valorar la posibilidad de contratar un seguro para nuestros animales que cubra este tipo de servicios.

Tengamos siempre en un lugar visible el teléfono de la clínica de urgencias más cercana.

Guardemos siempre un poco de dinero para emergencias veterinarias.

Dentro de nuestras posibilidades, optemos por un pienso de calidad.

Estemos siempre informados sobre las necesidades específicas de nuestro animal, preguntando a nuestro veterinario o participando en foros sobre mascotas. Conocer los indicios de una emergencia pueden salvarle la vida a tu amigo de cuatro patas o como mínimo a reducir su sufrimiento en casos críticos.

Por supuesto, tener un animal es una responsabilidad que requiere darles la mejor vida posible, estar al día en sus vacunaciones, desparasitaciones y revisiones. Si nuestras circunstancias económicas no van a garantizar que sus necesidades vayan a estar cubiertas, lo mejor es no adoptar y esperar a estar en una situación mejor. Por desgracia, nuestra sociedad no contempla una seguridad social para mascotas, de modo que corre de nuestra cuenta pagarles gastos veterinarios. La crisis también les afecta a ellos, pero no se ofrecen soluciones para apoyar a familias con mascotas.

Son seres vivos que sufren, al igual que nosotros. No merecen ni más ni menos cuidados y atenciones que nosotros mismos, nuestros hijos, amigos etc.

Gracias por cuidar de ellos.

 

Breve disertación final

 

Estar vivo implica morir. Todos los seres vivos en la naturaleza nacen, crecen y mueren; animales, personas y plantas por igual. A su vez, la naturaleza es renovación. Podemos observarlo en los ríos, en los ciclos de noche y día, en las estaciones del año… Cuanto antes lo aceptemos, antes podremos lidiar con la pérdida de nuestros seres queridos (personas y animales), y con la idea de nuestra propia muerte.

Por eso, aconsejo desarrollar un sentimiento de pertenencia a la naturaleza, un vínculo inherente a nuestra esencia, que nos haga percibirnos como seres integrados y conectados en un todo. Es el momento de ir a la montaña, perdernos en un bosque, escuchar al río y a los pájaros. Siempre están ahí, pero nunca son los mismos. Simplemente siente su energía.

Si por desgracia estás pasando por un duelo, espero que encontraras consuelo en este artículo. Te deseo de corazón que te recuperes y puedas disfrutar de los recuerdos. Si aún así crees que necesitas más apoyo del que tienes, puedes contactar conmigo. Como gran amante de los animales y sabiendo lo que es perder a un peludo, podré ofrecerte apoyo psicológico durante tu duelo.

Gisela Giawulf Folch Schulz

En recuerdo de nuestra pequeña Nymeria

1/04/2009- 1/05/ 2017